domingo, 24 de abril de 2016

XLV


Nadie me dijo que sabia amar o que podía matar, que el querer y herir no era una opción, nadie me enseño los tonos a medias, nadie me dijo como sonreír, ni como rechazar.



No encontré un manual de como encantar, ni de como ser invitado a una charla, tampoco estaban las reglas del juego, no creí que aquí habría que elegir un bando.



Y al fin así siendo feliz y natural, contento y abrazando, riendo y compartiendo, ese periodo termino en distintos destinos, broto la sensación; quería, necesitaba, una forma de enmendar mi perdida, no podía dejar que se fueran por ahí con mi amor, con mi cariño, con mi atención, con y sin mi silencio,
con las promesas y los recuerdos, sin mirar atrás dejar que se largaran sin voltear, nació esa sed de venganza.



Cualquiera opina sobre la aceptación, el duelo, quienes entran y salen de la vida, que es el proceso del amor, que es normal aprender a perder y que uno solo debe dejarse ir, tal ves dejar que se lleven partes de ti, pero el retorno al todo es inevitable y congruente, un adiós sin motivo, aunque duele mas uno lleno de motivos y aun así no se quiere pronunciar, no he podido perdonar, acercarse y abrazarme para después desparecer y pasar sin ver.


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